El corazón sobre la razón

Muchas veces me he preguntado si realmente estoy haciendo lo correcto. Si mi vida camina en el rumbo que había planeado o simplemente la he dejado pasar sin agarrarla de la mano.
Pues bien, te diré algo:
El rumbo que tenía preparado para mi ha dado tantas vueltas que no sé donde me perdí, dejar de hacer las cosas que antes amaba, solo por el simple hecho de estar pegado a alguien, alejarme de amigos, personas, cosas y cursos, solo por estar ahí, para cuando me necesite.
Y he aprendido bastante en realidad, he aprendido que debo tener coraje suficiente para decirle cosas a alguien, en su cara, aprendí también que amar no siempre es como lo soñaste, aprendí que no sabemos que es el amor realmente, y estoy segura que jamás sabremos qué es.
Hace mucho me juré a mi misma que nunca me iba a dejar cambiar por alguien, que iba a permanecer fiel a mi, por siempre, no importando quien o que sea para mi.
Pero me he llevado una gran sorpresa, y una decepción, al darme cuenta que ya pasó, ya deje que me cambiaran, me traicioné y traicione a aquel ideal de persona que hace tantos años me había prometido ser.
Ni actriz, ni rica, ni famosa, ni delgada, ni auto suficiente, ni con familia, ni sola...
Simplemente una mujer con ganas de ser actriz, sin los pantalones para gritarlo al mundo y con un miedo impresionante de decepcionar a mis seres amados.
Jamás pensé que lo diría pero me doy flojera como mujer y como persona, esperar la aprobación de alguien solo por la inseguridad. Creer que mi propia familia podría impulsar mi suelo y verme convertida en esto.
Pesa, pesa saber que te predispones a una vida familiar común, donde el papel de macho no es tuyo y debes seguir el rol que la sociedad y tu misma familia, e incluso tu misma, te han puesto. La feliz ama de casa, embarazada y con la esperanza de que el marido la quiera a pesar de todo y para siempre... el romance furtivo de los ídolos televisivos y la imaginación para crear los castillos y llenar los vacíos del corazón o de la razón.
Como mujer estoy predispuesta a hacerle caso al corazón y creer qué si actúo de manera sumisa obtendré el tan anhelado beso al final del día o una palmada de bien hecho en la espalda. Como mujer estoy condenada a tener un trabajo pobre con sueldos inferiores a los de los hombres, no debo gritar, mi debo mostrar debilidad, debo estar dispuesta siempre al sexo y ser callada y discreta, esto con el fin de que mi futuro marido este contento y hacerlo feliz, feliz mientras yo me quedo callada y acepto todo aquello que él hace, dice y cree.
En cambio lo que yo quiero es ser libre, hacer aquello que me haga feliz, bailar, cantar, gritar, tener el valor de pegarle a alguien y no aceptar cada cosa que me dicen y me dan. Me cansé del matriarcado familiar, de ser objeto de burlas y de tragarme todo lo que a mi alrededor pasa, sin poder opinar, por qué, claro, se mal entiende como un berrinche sin razón o un impulso porque  ya va a llegarle el periodo.
Como mujer debo entender que no necesito a un hombre a mi lado para ir y venir, para hacer lo que mi corazón quiere y lo que mi cerebro muere por hacer. Debo entender que la vida de una mujer no está atada a tareas sin sentido ni estereotipos concebidos desde la edad media.
Como mujer debo guardar mis lágrimas para aquellos verdaderamente dignos de ellas, debo aprender que nadie esta con obligación de amarme, que la única que tiene obligación soy yo misma.
Mi razón me dice eso... pero mi corazón, bueno él es otra historia

















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