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Alfileres rojos

 —¿Me crees tan estúpido Joe?— la voz de Jude resonaba por lo alto de la habitación, incluso más alto que la música del bar —Blair es un maldito intocable, ni yo soy tan imbécil.  Los ojos de Joe escanearon el semblante de Jude, parte por parte intentando descubrir por alguna parte la mentira, pero le fue imposible, o era un excelente mentiroso o decía la verdad, así que no le quedó más remedio que confiar en él y alejarse de él. Una vez libre, Jude se frotó el cuello como aliviando el “dolor” que el mayor le pudo causar, aunque siendo sinceros, solo lo había sujetado con la fuerza necesaria para inmovilizarlo, no para hacerle daño, sin embargo al inglés le gustaba exagerar de vez en cuando.  —¿Seguro no sabes nada?— Jude debía admitir que el mayor se escuchaba preocupado, nunca nadie actuaba sin que Hassel lo indicara y no había muerte que no controlara aquel hombre —El jefe está descontrolado, Blair era el siguiente objetivo y ahora está en custodia porque lo hacen resp...

Contrastes

 Ella, fruto dulce que llena mi boca con su sabor. Yo trago de amargura que contamina todo su entorno y sin embargo decidimos irnos a la cama una vez más. Ella, hábil y graciosa, cada cosa que hace es tan delicada como ella misma y al mismo tiempo tan fuerte que estoy seguro nada puede romperla. Yo no, tropiezo con cada rincón que me encuentro, disculpándome cuando la fuerza del golpe llega a lastimarla. Yo, devorador de historias y libros que invitan a soñar. Ella, bailarina de sueños, que contagia a los que la rodean y vuelve el más mínimo lugar un hogar. Ella baila moviendo las caderas, yo no. Ni siquiera recuerdo haberme tomado el tiempo para aprender y cuando vamos a fiestas, me mira con aquellos ojos suplicantes señalando la pista con su mano, aunque no sé, de todos modos cedo. A ella le gusta hablar, puede pasar horas enteras hablando, a mi no me gusta. Paso mis horas envuelto en letras, libros viejos y poesía barata, ella me entiende y termina siendo ella quien habla mientr...

Terrores Nocturnos

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La ciudad en inquietante calma se mece al compás del reloj, todos dormidos, en calma, llevados por los sueños que rondan la habitación. Pero en una cama no hay calma, las manos surgen de debajo de ella, asfixian, aprietan, acorralan, jalando a su ocupante al vacío de su existencia. Acorralándola en el tiempo, en los recuerdos, en la nada, haciendo el espacio más pequeño, frío y a ella sin alma. -Dime ¿qué hacer? -Dime ¿a dónde correr? -Contéstame ya o acaba conmigo. Prefiero eso antes que la duda, prefiero eso antes que seguir a oscuras. La cama da vueltas, las manos no paran, rasgan, lastiman, arañan, raspan. Los recuerdos vuelven clavándose en su piel, hiriendo y sangrando hasta el amanecer. -Dime ¿qué debo hacer? -Dime ¿a dónde he de correr? Vueltas una vez más, los recuerdos comienzan a explotar, las manos siguen tocando sin parar y ella... oh ella tumbada queda ya. El pecho comprimido, la respiración irregular, rezando por desperar. La noche acaba ya, las manos ya no están, lo...