La maldición de las lágrimas de lobo
Ein Mann stirbt nicht für etwas, was er nicht glaubt.
“Solo el más digno hijo de Alemania será capaz de obtener nuestras riquezas, para los impostores una gran desgracia les espera”
Aldrik y Noah Bouchard habían sido mandados en misión a Bavaria, para ser más exactos, habían sido mandados al bosque de Arrach, mejor conocido como el bosque bávaro, cuya extensión va desde República Checa hasta Alemania. Lewis, siendo el viejo colmilludo, mandó a ambos hermanos, aprovecharía las habilidades de Aldrik en cuestión de negociación y las de Noah en cuestión de ubicación territorial.
En las mochilas de viaje, los hermanos llevaban un mapa de la Alemania moderna, junto con unos acetatos de la Alemania de 1943, debían llegar primero al río Danubio para que, de ahí, comenzaran su expedición, también llevaban las coordenadas que había sacado el viejo de aquella partitura robada por el menor de los hermanos, algo de provisiones y armas. Debían hacerlo perfecto.
Al llegar al Danubio caminaron un par de kilómetros hacía adentro llegando a la zona que los alemanes conocían como Arrach, un bosque silencioso, de una belleza inusual, que esconde una historia desoladora, que rompe el corazón. Árboles altos, fuertes, majestuosos. La elegancia de las hojas caídas con armónico desorden sobre el césped, las flores de colores tenues engalanando el cerrado bosque, los pájaros dejan oír su canto ahí dentro, en ese paraje de ensueño, el espíritu se hiela. El aire es denso y la atmósfera de dolor se impone, el horror de la historia está en el aire. Los hermanos caminaron a través de aquel bosque con la garganta seca y el corazón palpitando a mil por hora.
-No se confíen hijos míos- decía Lewis dando las últimas instrucciones en el aeropuerto antes de que ellos salieran -Hay más horror en aquellos bosques que en el mundo moderno, sean cautelosos y sobre todo rápidos-
Las palabras de aquel hombre habían cobrado sentido desde el primero momento que llegaron al río Danubio. Ambos hermanos cuidaban a su alrededor, el suelo donde pisaban y el frente de sus miradas. Las lágrimas se encontraban en algún lugar de ese bosque, justo escondidas en uno de los bunkéres más grandes de la historia alemana, pero el mismo bosque escondía una advertencia.
-Cuiden sus pasos hijos- soltó Lewis dando una palmada de emoción en el rostro de ambos -esos hijos de puta eran más inteligentes de lo que la historia cree y más sanguinarios, no dejaran que nadie tome sus piedras tan fácil, el viejo Bowman ya lo advirtió-
Lewis había recurrido a un historiador famoso por estudiar la primera y segunda guerra mundial, aquel hombre de apellido Bowman les había advertido de tres o más bombas alrededor del bunker, aunque no sabría si aún estarían activas, después de todo “Las bombas que se usaban para los submarinos enemigos aún permanecen activas y es un peligro moverlas”
Los hermanos siguieron el mapa tal cual lo había trazado su benefactor, hacían marcas en los árboles para saber cómo regresar, estaban atentos al bosque, sus alrededores y a los animales que reinaban el lugar; buscaban de día y acampaban de noche haciendo guardias al dormir hasta que, después de tres semanas de búsqueda, por fin encontraron un viejo conjunto de piedras con la evástica nazi tallada y no muy lejos de ahí vieron la entrada de a una cueva, por fin lo habían conseguido.
Aldrik miró alrededor caminando con paso suave por el suelo boscoso haciendo crujir lo menos posible el suelo, después de todo tenían contempladas tres minas, Noah por su parte se quitó la mochila mientras observaba a su hermano caminar, el riesgo de explotar era latente, sin importarle caminó detrás de su hermano intentando apresurar el paso. las minas estarían lejos de la cueva o podría volar la entrada y perder los tesoros para siempre.
Al sentirse fuera de peligro ambos hermanos apresuraron el paso hasta llegar a la cueva, tomaron la lámpara de la mochila de Aldrik y entraron sigilosos en ella, de inmediato las sonrisas aparecieron cuando algo brilló a la luz de la lámpara...
Los lingotes de oro se hacían presentes, nadie había saqueado ese bosque gracias a las leyendas de fantasmas y maldiciones nazis, varias filas con el oro judío y una caja vieja y enmohecida que guardaba aquello por lo que habían ido... las lágrimas de lobo, catorce diamantes catalogados como los más caros del mundo por su trabajo, coloración y forma. Noah fue el primero en correr cuando vio aquella caja vieja, la abrió con cuidado y luego de verificar su contenido le hizo una seña a su hermano para que llevara la mochila hasta ahí y guardara las piezas valiosas en un saco de terciopelo negro, luego en una caja más pequeña y fácil de transportar.
Pero la ambición es una cruel voz que reclama ser escuchada... Los Bouchard tomaron entre sus manos un par de barras de oro y algunas piezas más que se encontraban resguardadas por la naturaleza y al salir olvidaron sus precauciones evidentes, eufóricos de emoción ambos corrieron de vuelta hacía donde debería estar la mochila del mayor de los Bouchard dejando caer piezas de oro en su camino de regreso.
______________ El zumbido en los oídos de los Bouchard se hicieron presentes igual que el dolor que atacaba sus cuerpos, había polvo flotando por el aire y piedras cayendo aún, ambos habían sido arrojados al menos diez metros lejos de la cueva y ésta había sido tapada por completo, los escombros hacían de tapón perfecto para la cueva.
Al mismo tiempo, en casa, la maldición de las lágrimas había llegado...
Comentarios
Publicar un comentario